
En un mundo como el actual, caracterizado por un cambio incesante e inesperado, y por una creciente globalización, el paradigma clásico de una universidad tradicional y casi inmutable no resulta muy congruente con las nuevas realidades y demandas sociales, y científicas, tanto actuales como futuras.
Importantes investigaciones coinciden en afirmar que ninguna sociedad actual es superior a sus universidades, resulta evidente que un instrumento esencial del progreso y el desarrollo es la universidad. Y si tomamos en cuenta que no hay países realmente avanzados que no cuenten con un eficaz sistema universitario.
La enseñanza del derecho se aplica a todas las ramas del derecho y disciplinas jurídicas, por ello resalta su importancia, en un medio en el cual poca gente estudia debemos dejar constancia que deben crearse mayor número de facultades de derecho pero con calidad y nivel académico para que puedan satisfacer las necesidades de estudio de la población.
Este siglo está llamado a ser el siglo de la incertidumbre y la interdisciplinariedad. Por consiguiente, si la universidad es un instrumento tan decisivo para nuestra sociedad, resulta inaplazable poder transformar profundamente tanto sus instituciones individuales como sus sistemas, redes o conjuntos universitarios.
Panamá al igual que acontece en otros países del area, , enfrenta el reto de transformar rápidamente su sociedad en una nueva sociedad, para aprovechar así las enormes potencialidades de las nuevas tecnologías y promover mejores niveles de vida entre su población.
Si la justicia en Panamá se percibe disfuncional, corrupta y deficiente, la culpa no es totalmente de la casta política que la usa como instrumento para la protección y la defensa de sus intereses personales o grupales, también la universidad actual tiene un enorme grado de responsabilidad en ello.
Formar profesionales a la carrera para después insertarlos en una carrera, es la causa que tengamos jueces, magistrados, fiscales y otros operadores judiciales, que no solo parece no saben leer, sino cuando lo hacen, no tienen la capacidad ni la preparación para entender lo leído.
Y es por ello que estamos abocados a crear un instituto universitario donde la enseñanza del derecho, sea práctica y eficaz., como dijo el Dr. Eduardo J. Couture en su célebre decálogo del abogado: Estudia: el derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado y Piensa: el derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando.
Es nuestra intención en el comité promotor. de la UNIVERSIDAD ESPECIALIZADA EN CIENCIAS JURIDICAS DE PANAMA, formar profesionales de élite, y antes de admitir un estudiante, primero determinar si tienen la vocación necesaria para llegar a ser un verdadero abogado y cuentan con principios éticos y morales bien arraigados, porque para que el desarrollo social y humano sea sostenible, la preparación académica debe regirse por valores éticos y morales.
Resulta importante profundizar en la enseñanza del derecho, el estudio sobre la pertinencia y relevancia, en ya que ambos desempeñan un papel clave y esencial para que las ideas, las funciones y los productos de la educación superior no se limiten exclusivamente a la tradicional graduación de profesionales y de disciplinas liberales.
Las actuales estructuras académicas no responden a una educación superior eficiente ; por lo mismo, les es imposible, sin una profunda transformación, hacer frente al fenómeno de masificación. Son, en general, demasiado flexibles y permisivas , poco diversificadas, y carentes de adecuados canales de comunicación entre sus distintas modalidades.
La homogeneidad de sus programas no les permite atender la amplia gama de habilidades, intereses y motivaciones de una población estudiantil cada vez más extensa y heterogénea; su excesiva compartimentalización contradice la naturaleza esencialmente interdisciplinaria del conocimiento moderno; su apego a los sistemas formales les impide servir con eficacia los propósitos de la educación permanente.

